JAPON, LUNA DE MIEL

Hola! Llevo varios días sin escribir porque Agosto siempre es un poco caótico, pero en recompensa os traigo unos posts que creo que van a merecer la pena 😉

Como ya os he contado en algún post anterior, mi ahora-marido Alejandro y yo, nos casamos el 13 de Junio. Fue una boda preciosa de la que ya os hablaré con más calma, pero primero os cuento nuestro viaje de novios.

Teníamos clarísimo que queríamos un sitio lejos, con cultura diferente y con muchas cosas que ver. Nos pusimos en manos de Belén y Ana María, de Viajes Singulares, para que nos recomendaran los mejores sitios. Finalmente, decidimos conocer Japón.

No sabíamos muy bien lo que nos íbamos a encontrar, porque nos habían dicho de todo sobre este país. Hay mucha gente a la que le encanta y otros muchos a los que no les gusta nada. Es una cultura tan diferente que creo que a veces puede chocar demasiado. A nosotros nos enamoró.

Ibamos a pasar 11 días allí, por lo que aprovechamos para hacer un tour bastante completo. Intentaré resumirlo lo máximo posible pero no se si podré (si me queda muy largo, ¡sorry!).

– Tokio: el primer destino tenía que ser la actual capital.

Japón es un país bastante caótico, por lo que recomiendo contratar un guía aunque sea un rato para que os de las explicaciones básicas de cada lugar (el metro, la comida, las costumbres, etc…). Eso fue lo que hicimos nosotros.

En 3 días nos dio tiempo a conocer la ciudad de forma general. Visitamos el Mercado de Tsukiji Outer, los Jardines de Hamarikyu, Templo Asakusa Kannon, el palacio imperial, el Museo Mori Art (desde donde tienes las mejores vistas de la ciudad) y ¡hasta dimos un paseo en barco por el río Sumida y vivimos la experiencia de la ceremonia del té y el arte de la caligrafía japonesa!

Toda la ciudad es increíble, es como un Nueva York a lo bestia. Lo que más me llamó la atención fue una calle pequeñita que se llama Takeshita Street, en el distrito Harajuku. ¡Es como meterte en un dibujo animado! Detrás de esta calle, hay una zona que se llama Harajuku Dori que es mucho más tranquila y está llena de tiendecitas indie y vintage muy chulas (me recordó un poco a Notting Hill de Londres). Al lado de estas dos calles está Ometosando, que es lo que denominan «los Campos Eliseos japoneses» por la cantidad de grandes tiendas que tienen. A escasos metros también hay un parque precioso llamado Meiji Jingu para pasear y ver su templo.

En cuanto al hotel, nosotros nos alojamos en el Hotel Grand Palace. Estaba genial y muy bien comunicado. Aunque todos los hoteles y el servicio fueron impresionantes, nos sorprendieron mucho los baños. Las habitaciones de hotel súper lujosas tenían baños enanos y un poco incómodos, pero eso forma parte de su cultura.

Para comer allí recomiendo parar sobre la marcha en cualquier restaurante que tenga buena pinta. Hay muchos italianos y cafeterias que tienen comida muy buena. Nosotros fuimos con ganas de comer sushi todos los días (el sushi que comemos aquí), y nos costaba encontrarlo, ya que para ellos no es habitual. Si nosotros comiéramos paella todos los días moriríamos del aburrimiento 😉

Para cenar si que está bien darse un homenaje y nosotros fuimos un día al Sushi Kanesaka del Palace Hotel para tomar buen sushi de verdad. Es caro y va por menús, pero lo hacen delante tuyo y es algo alucinante. Eso sí, ni papa de inglés y prohibido hacer fotos.

Si quieres probar una carne de kobe en condiciones, nos recomendaron Blacows, que está considerada una de las mejores hamburgeserías. No llegamos a ir, lo cambiamos por The Brooklyn Parlor que nos apetecía más y nos encantó. Además, al lado está el parque Shinjuku Gyoen que es perfecto para pasear después.

– Yamashiro Onsen: tras los días ajetreados en Tokio, teníamos un viaje previsto a la ciudad de Yamashiro Onsen para pasar una noche en un ryokan (como si te vas a Asturias a una casa rural en medio del bosque). Volamos hasta el aeropuerto de Komatsu y fuimos en coche 40 minutos hasta la ciudad. El ryokan es un tipo de alojamiento tradicional japonés que se caracteriza por los baños termales y por dormir en el suelo sobre un tatami (tipo la casa de Doraemon)

Es una experiencia única y muy recomendable para entender mejor la cultura. 

Por la noche nos dieron una cena japonesa especial que no nos terminó de gustar del todo porque no entendimos lo que eran la mayoría de platos (no habla nadie inglés allí), pero es muy curioso ver cómo te lo preparan, te lo sirven y se lo comen.

– Kanazawa: a la mañana siguiente cogimos el coche dirección Kanazawa. Es la cuarta ciudad más poblada de Japón y se la conoce por su barrio de geishas y su buen pescado. Tiene bastantes cosas que ver, pero da tiempo en un día. 

Nosotros vimos el mercado Omicho-ichiba, los jardines Kenroku-en, el Castle Park, el Castillo blanco, el museo de arte contemporáneo del s.XXI y el distrito de Higashimaya. ¡Todo maravilloso!

Pasamos la noche en el hotel Ana Crowne Plaza, frente a la estación.

Como podéis ver, es todo alucinante. 

Todavía queda otra parte del viaje que os contaré en el siguiente post.

¡Espero que os esté gustando y que estéis pasando o hayáis pasado unas buenas vacaciones!

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