UN TROCITO DE CANTABRIA

Este puente teníamos pensado quedarnos en Madrid. Llevamos un buen tute ultimamente con la preparación de la boda, el montaje de la casa, b4living, y mil cosas más. Así que me apetecía (y necesitaba) descansar. Una escapada de fin de semana no estaba en mis planes, sobretodo al ser puente. Al pensar en el atasco de entrada y salida de Madrid, me moría de la pereza. Pero en el último momento, cambiamos de opinión.

El viernes a las 7 de la mañana estábamos rumbo al Norte. El Hotel Landa es una parada casi obligatoria en mi familia desde siempre, y a mí me gusta seguir con la tradición. Eso mismo hicimos una vez más. Sobre las 10 estábamos parando allí para desayunar.

Me encanta el olor a antiguo que se respira al entrar, los recuerdos que me trae de la infancia y la bollería recién hecha. Una vez repuestas las fuerzas, continuamos hasta llegar a Comillas

Ya os he hablado sobre mi pasión por este pueblo. Los 460 km desde Madrid merecen la pena desde el momento en el que te bajas del coche y respiras hondo. A mí se me para el tiempo y me renuevo completamente. Es como un chute de energía.

`-Como llegamos tan pronto y el tiempo nos acompañaba, fuimos a dar un paseo por la playa de Gerra. Para mi es la mejor, sobretodo en esta época que está vacía y puedes recorrer sus kilómetros sin cruzarte con practicamente nadie. Yo lo considero un verdadero lujo.

La tarde fue tranquilita y, por la noche, fuimos a cenar a Casa Cofiño (tlf: 942708046). Es uno de los restaurantes típicos de los alrededores de Comillas. Está en Caviedes, es muy rústico y es conocido por sus «albondigones» (del tamaño de mi cabeza) y por su cocido. Otra de las visitas obligatorias y que recomiendo a todo el mundo.

El sábado hacía un día buenísimo. Nos dimos un paseo de dos horas por las carreteruchas y el campo hasta llegar a la playa de Oyambre. Otro verdadero lujo.

Por la tarde mis padres decidieron llevarnos de turismo a mi novio y a mi. Parece mentira que lleve toda la vida yendo allí y que todavía siga habiendo pueblos por conocer. Pues los hay.

Cogimos la carretera dirección Cabezón de la Sal. Seguimos camino de Cabuérniga y ahí, en mitad de la nada, cogimos un desvío hacia Carmona.

Es un pueblo enano, que lo atraviesa el río Nansa y que es una auténtica maravilla. De esas que parecen sacadas de una película. Sus casonas montañesas reflejan su título de Conjunto histórico-artístico, y está considerado el pueblo más bonito de Cantabria. Vacas de tudanca, gallinas, huertos y artesanía de madera es todo lo que se ve paseando por sus calles, pero es realmente una preciosidad que merece la pena conocer.

Desde allí seguimos subiendo y llegamos a Tudanca. Otra maravilla en medio de un valle. La gente que vive allí me hizo reflexionar. A veces nos obsesionamos con tener de todo, hacer de todo y nunca nada es suficiente. Ellos son felices con sus 4 animales y con su comida cosechada por ellos mismos en su jardín.

Me di cuenta de que tenemos que disfrutar de las pequeñas cosas, de los pequeños detalles que pueden hacer cada día diferente. Yo siempre lo intento pero creo que muchas veces pecamos de inconformistas y se vuelve cada vez más complicado valorar lo que tienes.

Estuvimos hablando con una pareja encantadora que había montado su propia tienda de artesanía allí. Vivían en la montaña, con sus dos hijos, su perro y una vaca. No necesitaban nada más. Cuando sus hijos crecieran les llevarían al colegio del pueblo de al lado, pero volverían cada tarde a ordeñar a su vaca, a recoger las patatas del huerto y a respirar aire fresco. A veces estas cosas me dan mucha envidia….

A la vuelta visitamos la presa y el embalse de Lastra. Alucinamos con el paisaje. ¿Cómo es posible que no lo hubiera visitado antes?

Después de este recorrido volvimos a casa, con sitios nuevos conocidos y con un buen aprendizaje adquirido.

Espero que te guste y que te sirva para una ruta por Cantabria.

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